Microrrelato · Del catálogo de Margen
Marina no puede borrar el apellido de un muerto

—Padrón de Alicante, dígame.
—Buenos días. Soy Vicente Lloret, jubilado, cuarta puerta de Alto Palancia doce. Llevo tres meses recibiendo cartas para un Enrique Herrero.
—Un momento, don Vicente. Marina Requena, del Padrón. Su piso figura con dos personas: usted desde 2004 y Enrique Herrero desde el 3 de mayo de 2016. Y ese señor yo no lo puedo borrar: hace falta un certificado de defunción a su nombre.
—Enrique murió en 2019. Salió en el periódico local: era el peluquero de mi calle.
—Ya. Pero hasta que alguien me traiga el papel, sigue empadronado con usted. Nadie viene a hacer la baja de un muerto que no era pariente.
—¿Y las cartas del banco?
—Son publicidad. La lista se compra al Ayuntamiento. Un muerto empadronado sigue en la lista.
—Entonces no puedo hacer nada.
—Tráigame el recorte de la esquela el lunes, don Vicente. Sin el papel, el señor Herrero seguirá viviendo con usted en el ordenador.