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Poema · Del catálogo de Margen

Censo de farolas

Alguien enciende las farolas de golpe, todas a la vez, como quien reparte la misma moneda a todos los pobres.

Y la calle acepta esa limosna de luz amarilla, y los perros la aceptan, y los que vuelven tarde del segundo trabajo la aceptan sin mirarla.

Yo he hecho el censo: la farola del 14 parpadea, la del parque alumbra un banco vacío con una dedicación que ya la quisieran muchos amores; la de mi esquina lleva años sosteniendo la misma noche.

Nadie les da las gracias. Eso también lo tienen en común con ciertas madres, con ciertos hombres callados, con todo lo que alumbra por costumbre y se apaga sin que nadie anote la hora.