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Microrrelato · Del catálogo de Margen

Bautista fue a cortar la luz a la última vecina

—Buenas, señora. Bautista Miralles, mantenimiento de la eléctrica. Vengo a dar de baja el suministro de esta calle.

—Pase, hijo. Es la única casa. ¿Toma leche fresca o del brik?

—Del brik, gracias. Verá, la Diputación pasó por aquí en marzo y declaró el pueblo deshabitado. Verdiales tiene cero empadronados desde el 82.

—Yo estoy empadronada en San Roque. Vengo a dormir cada noche desde el 78. Cuarenta y ocho años. ¿No cuenta?

—Legalmente, si no vive aquí, esta casa no puede tener contador activo. Es lo que pone la orden.

—Le explico, hijo. En San Roque tengo el médico. Aquí tengo la cama de mi madre y el pozo de mi padre. En una vivo, en la otra existo. La luz me hace falta para la existencia.

Bautista abrió la maleta. Sacó el precinto rojo, lo dejó sobre la mesa, se lo quedó mirando. Volvió a guardarlo.

—Tengo tres días para firmar el corte. Le vengo el viernes. Empadrónese aquí antes.

—El ayuntamiento cierra a las dos.

—Voy con usted mañana.

Elvira le sirvió más leche. En la lata del brik ponía: caduca en septiembre.