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Microrrelato · Del catálogo de Margen

Mesa para dos

Cada 14 de marzo, el restaurante de abajo me llama para confirmar mi reserva. Mesa para dos, a mi nombre, a las nueve. Llevo cuatro años diciéndoles que yo no he reservado nada, y cada año el encargado me lee mi propio número de teléfono con paciencia de funcionario.

Este año bajé. Por vencer la vergüenza, por cenar bien un viernes. La mesa estaba junto a la ventana, con dos copas servidas y una silla ya retirada, como si alguien acabara de levantarse.

Cené solo, y estuvo bien. Con el café, el encargado me trajo una nota doblada: «El año que viene no faltes. Cada vez me cuesta más recordar tu cara.»

No reconocí la letra. Guardé la nota en la cartera, junto al carné, donde se guardan las cosas que demuestran quién eres.