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Curiosidad · Del catálogo de Margen

Los flamencos no son rosas

Un flamenco recién nacido es gris ceniza. El rosa no lo trae de fábrica: se lo come.

Su dieta —pequeños crustáceos y algas cargadas de carotenoides, los mismos pigmentos que tiñen las zanahorias— va depositando color en sus plumas, sus patas y hasta su pico. Un flamenco muy rosa es, literalmente, un flamenco muy bien alimentado; por eso el tono funciona como señal de salud a la hora de elegir pareja.

En los zoológicos hubo que aprenderlo por las malas: los primeros flamencos en cautividad se iban destiñendo hasta el blanco, y hoy su comida se suplementa con pigmento para que no pierdan el color.

Fuente: Smithsonian National Zoo