
En 1731, el guardacostas español Juan de León Fandiño abordó un barco británico cerca de Cuba, acusó a su capitán, Robert Jenkins, de contrabando y, según el propio Jenkins, le cortó una oreja de un sablazo.
Siete años después, con la tensión entre Londres y Madrid al rojo, Jenkins compareció ante una comisión del Parlamento británico. Las crónicas cuentan que mostró la oreja, conservada durante todo ese tiempo, y que aquello incendió a la opinión pública. En 1739, Gran Bretaña declaró la guerra a España.
El conflicto, que en España se llama Guerra del Asiento, fue muy real: en Cartagena de Indias, Blas de Lezo —cojo, tuerto y manco— humilló a una flota británica enorme. Pero en los libros ingleses el nombre lo puso la anécdota: War of Jenkins' Ear, la guerra de la oreja de Jenkins.
Una oreja tardó siete años en llegar al Parlamento. La guerra que provocó duró nueve.