
Venus se toma la vida con una calma absurda: tarda 243 días terrestres en girar una sola vez sobre sí mismo, pero solo 225 en dar la vuelta completa al Sol. Su año termina antes que su día. Ningún otro planeta del sistema solar puede decir lo mismo.
Y las rarezas no acaban ahí. Venus rota al revés que casi todos sus vecinos, en sentido retrógrado. Si pudieras plantarte en su superficie —y sobrevivir a unos 460 grados que derriten el plomo—, verías el Sol salir por el oeste y ponerse por el este.
Los astrónomos sospechan que un impacto colosal o las mareas de su densísima atmósfera frenaron y voltearon su giro hace miles de millones de años. El resultado es un mundo donde felicitar el año nuevo llega antes que dar las buenas noches.