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Idea · Del catálogo de Margen

Desayunar no adelgaza: siete ensayos lo pesaron

1. Siete ensayos pesaron a la gente y salió al revés.

En enero de 2019, Katherine Sievert, investigadora de la Universidad Monash, encabezó en el BMJ un metaanálisis, un estudio que combina resultados comparables. Su equipo reunió trece ensayos controlados hechos con adultos de países de renta alta: siete habían pesado a los participantes y diez habían registrado lo que comían.

Las personas asignadas a desayunar consumieron, de media, unas 260 kilocalorías más durante el conjunto del día. También pesaron 0,44 kilos más que quienes se saltaban esa comida. La diferencia fue pequeña y los ensayos fueron cortos, con unas siete semanas de seguimiento medio para el peso, y todos presentaban un riesgo de sesgo alto o incierto en al menos un apartado. El resultado prudente se queda ahí: añadir el desayuno no ha demostrado servir para perder peso.

2. La asociación llevaba años disfrazada de causa.

Muchos estudios anteriores eran observacionales, es decir, registraban los hábitos de la gente sin asignarlos al azar. En ellos, las personas que desayunaban tendían a pesar menos o a presentar mejores indicadores de salud. El problema aparecía al mirar el resto de su vida: también solían fumar menos, moverse más, dormir mejor y cuidar más la alimentación.

Esas diferencias se llaman factores de confusión, características que pueden explicar el resultado aparente. Comparar el desayuno de dos personas que duermen, fuman y se mueven de manera distinta atribuye al plato lo que pertenece al patrón completo. Los ensayos controlados intentan separar esas variables asignando a los participantes qué conducta deben seguir. Cuando se hizo esa comparación, el supuesto efecto adelgazante desapareció.

3. Un anuncio de cereales de 1944 puso la frase en circulación.

La idea de que el desayuno es «la comida más importante del día» no nació como conclusión de aquellos ensayos. General Foods lanzó en 1944 para Grape-Nuts la campaña «Eat a good breakfast, do a better job», que vinculaba un buen desayuno con rendir más en el trabajo, y colocó los anuncios en los programas de radio de la mañana, justo cuando el público podía convertir el consejo en una compra.

La frase impresa es aún más antigua. Aparece en 1917 en la revista Good Health, que dirigía John Harvey Kellogg, médico del sanatorio de Battle Creek, dentro de un artículo de Lenna Frances Cooper, dietista de esa misma casa: el desayuno era allí «en muchos sentidos la comida más importante del día». Nació dentro de la casa que vendía los cereales y tardó veintisiete años en llegar a la radio.

La Biblioteca del Congreso conserva una colección de guiones radiofónicos de General Foods fechados entre 1932 y 1949, muchos acompañados por anuncios de sus productos. La campaña aprovechaba una tradición anterior de Battle Creek, la ciudad de Michigan convertida en centro de reformas alimentarias, donde Kellogg promovía una dieta sencilla y desarrolló cereales con su hermano Will Keith Kellogg.

4. A quién no se le aplica esto.

La revisión del BMJ se refiere a adultos sanos que intentan controlar o reducir su peso. Alguien que se levanta con hambre puede desayunar y perder peso si el conjunto de su alimentación mantiene un déficit energético. Otra persona puede esperar hasta más tarde sin que su metabolismo entre en un supuesto modo de emergencia.

En niños y adolescentes la cosa cambia: desayunar se asocia con un mejor rendimiento escolar, aunque parte del efecto puede depender del estado nutricional, la asistencia a clase y la calidad de los alimentos. Una revisión de 45 estudios firmada por Alexa Hoyland, Louise Dye y Clare Lawton en 2009 encontró beneficios cognitivos más visibles en menores con carencias nutricionales.

En personas con diabetes tratada con insulina, cambiar una comida altera la relación entre medicación, hidratos de carbono y glucosa, y durante el embarazo tampoco conviene improvisar ayunos. En los dos casos manda la pauta individual del profesional sanitario.

5. Qué hacer mañana por la mañana.

Desayunar te ayuda si evita que llegues a la siguiente comida con un hambre difícil de manejar, si facilita que tomes alimentos nutritivos o si encaja con tu horario. Saltártelo te sirve si nunca tienes hambre al levantarte y esa comida solo añade energía al día.

Mañana por la mañana, mira si tienes hambre antes de mirar el reloj: si la tienes, come algo que encaje en tu plan; si no, espera a la siguiente comida.