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Curiosidad · Del catálogo de Margen

Esperance multó a la NASA por basura y cobró en 2009

Cuatrocientos dólares australianos llegaron a Esperance en 2009, treinta años después de que aquel municipio del oeste de Australia emitiera su multa más ambiciosa. El cheque no lo firmaba la NASA. Lo había reunido Scott Barley, locutor de Highway Radio, una emisora de Barstow, California, con aportaciones de sus oyentes. Barley voló hasta Australia y lo entregó en mano, en forma de talón gigante.

La deuda la había encontrado en internet: el Shire de Esperance sostenía que Estados Unidos le debía 400 dólares por tirar basura, y la basura eran trozos de una estación espacial de setenta y siete toneladas repartidos por su término municipal. Propuso saldarla durante su programa, reunió el dinero y lo envió en nombre de la agencia espacial. El municipio aceptó el pago, y una sanción que nació como broma pasó a ser una deuda cobrada a terceros.

Dieciséis años antes, en 1993, Geoff y Pauline Grewar localizaron un depósito de oxígeno de la estación sobrevolando su propia granja. Llevaba catorce años en el suelo y acabó en el museo de Esperance, que hoy conserva una de las mayores colecciones de restos de Skylab del mundo.

Y unos días después de la caída, un adolescente de Esperance llamado Stan Thornton recogió los trozos chamuscados que habían caído en su casa y se los llevó al San Francisco Examiner, que había ofrecido 10.000 dólares estadounidenses al primero que le plantara un fragmento en la redacción. Voló a San Francisco con ayuda de una emisora de Perth y de Qantas; hubo que sacarle pasaporte y visado a toda prisa. Cobró los 10.000.

La multa se la había puesto a la NASA un guarda rural del Shire de Esperance, que le entregó a los técnicos que la NASA mandó a recoger los restos un papel de 400 dólares por arrojar residuos en su término municipal. Era una broma, y la agencia la trató como tal: no la pagó nunca.

Todo eso empezó en la madrugada local del 12 de julio de 1979 —en Washington era todavía el 11—, cuando los vecinos del oeste de Australia oyeron seis estampidos sónicos hacia las doce y media. Skylab, la primera estación espacial estadounidense, que había alojado a tres tripulaciones, había perdido altura antes de lo previsto y se desintegraba en una reentrada que la NASA ya no controlaba.

Los responsables de vuelo habían orientado la estación para que los restos cayeran sobre el océano, pero se rompió más abajo de lo calculado. La huella documentada de fragmentos midió 2.450 millas, casi 4.000 kilómetros, y parte de ella cruzó Australia Occidental.

No hubo heridos.

La NASA fue capaz de poner en órbita una estación de 77 toneladas, habitarla tres veces y traer de vuelta a sus nueve tripulantes. Para liquidar su única multa de basura caída del cielo necesitó, sin enterarse, una colecta en una radio de carretera de California.