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Poema · Del catálogo de Margen
A las cuatro y diez el mercadillo todavía no existe

Baja Rosalía el toldo a la una y diez y la plaza vuelve a ser una plaza.
A las once vendió el último melón a un hombre que quería medio.
A las nueve puso los tomates en pirámide, los feos detrás, como todos los martes.
A las siete montó el techo con Damián, que reparte el hielo y siempre llega tarde.
A las cuatro y diez apagó el despertador, se ató las botas y bajó a por la furgoneta.