← Todas las lecturas

Idea · Del catálogo de Margen

El Gordo no paga 400.000: Hacienda descuenta 72.000

400.000 euros anuncia el décimo del Gordo, y esa cifra, la que brindan las familias por Navidad y la que repiten los telediarios mientras cantan los niños de San Ildefonso, no la cobra nadie. Quien lleva el décimo premiado se lleva 328.000: los otros 72.000 se los queda Hacienda antes de que el dinero roce la cuenta. El recorte funciona solo, con nombre, apellidos y ley detrás, igual para el bar de la esquina que para el banco de inversión; ningún gestor lo esquiva y la declaración de la renta del año siguiente ni lo menciona. Conviene sabérsela antes del 22 de diciembre y no después, porque después ya se ha brindado, ya se ha prometido y, en los peores casos, ya se ha cobrado mal. La cuenta completa, punto por punto, cabe en una lista.

1. La regla madre. Desde la Ley 16/2012, los premios de las loterías públicas —los sorteos del Estado, la ONCE, la Cruz Roja— llevan un gravamen especial del 20 por ciento. Nació con la crisis: la ley salió en el BOE el 28 de diciembre de 2012, estrenó cobro con los sorteos de 2013, y el Gordo de aquella Navidad fue el primero de la historia que llegó recortado a las cuentas de los premiados. Va aparte del IRPF y no mira lo que ganas: impuesto propio de los premios, plano, tanto da que el décimo lo lleve un parado o una notaria. Tiene una puerta de entrada: solo se paga por la parte del premio que pase de 40.000 euros por décimo, cupón o boleto premiado. Ese mínimo exento está así desde 2020; antes fue de 2.500 euros durante los primeros años, de 10.000 en 2018 y de 20.000 en 2019, un baile de cifras con el que dos hermanos de décimos idénticos, premiados con un año de diferencia, cobraron cantidades distintas sin que nadie les explicara por qué.

2. La cuenta del Gordo, hecha con todos los números. El primer premio de Navidad reparte 400.000 euros por décimo. Los primeros 40.000 quedan libres. Los 360.000 restantes tributan al 20 por ciento: 72.000 euros exactos. Resultado: 328.000 en la cuenta. Para hacerse una idea de qué tamaño tiene ese pellizco, 72.000 euros son más de cuatro años de salario mínimo: el Estado cobra del décimo más que muchos de los premiados ganan en un lustro de trabajo.

3. El segundo y el tercero, misma música. El segundo premio paga 125.000 euros al décimo: 40.000 exentos, 85.000 gravados, 17.000 para Hacienda y 108.000 para el bolsillo. El tercero paga 50.000: la parte gravada se queda en 10.000, el impuesto en 2.000, y se cobran 48.000. Y en enero no cambia el disco: el primer premio del Niño reparte 200.000 euros al décimo, que tras el gravamen se quedan en 168.000. Esos importes son siempre por décimo; una serie entera, los diez décimos del mismo número, multiplica por diez las dos columnas, también la de Hacienda. La regla es siempre la misma escalera, y conviene subirla con la calculadora delante antes de prometerle nada a nadie, sobre todo delante de la familia política.

4. La letra amable: casi todos los premios se cobran enteros. La pedrea, los reintegros, las terminaciones, cualquier premio que no pase de 40.000 euros por décimo, están exentos del todo: los 1.000 euros de la pedrea llegan siendo 1.000, y el reintegro de 20, veinte. Ahí Hacienda no toca nada. Y otra de cal: el descuento de los premios grandes no exige trámite ninguno, porque quien paga el premio —la sociedad estatal de loterías o el banco— retiene el impuesto en el momento y lo ingresa por ti. El dinero llega limpio, ya recortado. Nadie tiene que guardar un sobre para Hacienda ni acordarse en abril: en abril, aquel premio ni siquiera se escribe en la declaración.

5. El punto que evita disgustos de familia: el décimo compartido. Aquí es donde cada diciembre se fabrican los sustos de marzo. La exención de 40.000 euros va pegada al décimo y se reparte en proporción a la parte de cada uno. Si un décimo del Gordo es de dos hermanos a medias, cada uno tiene 20.000 exentos y 180.000 gravados; a cada uno le quitan 36.000 y cobra 164.000. Hasta ahí, sin problema. El problema nace cuando uno solo va al banco, cobra los 400.000 con el décimo entero a su nombre y luego «reparte» por transferencia entre primos y cuñados. Lo mismo vale para las participaciones de la peña o del bar: la exención se reparte según el trozo de décimo que representa cada papeleta, y quien figure en el cobro responde de lo que pague después. Para Hacienda, lo que sale de la cuenta del que cobró hacia la cuenta de los demás es una donación de libro, y el impuesto de donaciones lo paga quien recibe, con las tarifas de su comunidad autónoma, que en algunas llegan a doler de verdad. La manera limpia existe y es sencilla: ir todos juntos a la entidad el día del cobro, identificarse cada uno como titular de su parte, y que el banco pague y retenga a cada cual lo suyo, por separado, con su nombre en el justificante.

6. Tres detalles de intendencia que casi nadie mira. Primero: cualquier premio por encima de 2.000 euros se cobra en un banco autorizado; la administración de lotería paga en mano solo los pequeños, y el banco tiene que pagarlo sin cobrar comisión ninguna por el trámite. Segundo: el premio caduca. Hay tres meses desde el día del sorteo para presentarse a cobrar; pasado el plazo, el décimo más afortunado del año vale lo mismo que el papel de su envoltorio, y cada año quedan premios sin reclamar durmiendo en cajones y bolsillos de abrigos de invierno. Tercero: lo que el premio produzca después —los intereses del depósito, los dividendos del fondo donde acabe— tributa como cualquier ahorro, en su casilla de siempre.

La instrucción final, por si este décimo es el bueno: antes de tocar un euro, sentar a todos los que juegan y poner los nombres por escrito —quién lleva qué parte de qué décimo, aunque sea en un papel firmado con fecha, o en el mensaje del grupo bien guardado—, y el día del cobro presentarse juntos en el banco y cobrar cada uno su parte con su documento de identidad encima de la mesa. Los 72.000 de Hacienda no hay forma legal de esquivarlos; el segundo susto, el de donaciones, se esquiva entero con esa lista de nombres hecha antes de descorchar nada. Cuesta un bolígrafo, una foto del papel en el grupo y diez minutos de ventanilla el día del cobro.