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Microrrelato · Del catálogo de Margen

El contador del bajo 2 marca 40 litros cada martes

Me llamo Bruno Salcedo, soy lecturista de la empresa de aguas y llevo nueve años con la misma ruta. Escribo esto porque en la incidencia 4.112 pone «fuga probable» y no hay ninguna fuga.

El contador del bajo 2 del número 14 marca cuarenta litros todos los martes. Cuarenta exactos, siempre entre las cinco y las seis de la mañana. Ese local fue la Mercería Loarte y cerró en 2021: persiana echada, escaparate tapado con papel de periódico, nada dentro. Lo notifiqué en enero y lo volví a notificar cuatro meses después. Las dos veces me contestaron que revisara la acometida.

El martes pasado me quedé en el portal desde las cinco menos cuarto.

A las cinco y veinte levantó la persiana Herminia Loarte, sesenta y siete años, mercera jubilada y dueña del local. Entró, llenó ocho garrafas de cinco litros en el grifo del almacén, las cargó en un carro de la compra y salió a repartirlas por las catorce jardineras de la calle Olmo, una por una, empezando por la de la esquina.

Le dije que ese consumo sale a su nombre y que el ayuntamiento tiene una contrata para el riego.

—El agua la pago yo —me contestó, sin soltar el carro—. Lo que no pienso pagar es ver la calle seca.