
El físico Richard Feynman, premio Nobel, tenía un test brutal para saber si de verdad entendía algo: explicarlo con palabras tan simples que las entendiera un niño de diez años.
La técnica que lleva su nombre tiene cuatro pasos: elige un concepto, explícalo por escrito en lenguaje llano, detecta el punto exacto donde te atascas o recurres a jerga — ahí está tu laguna —, y vuelve al material solo para tapar ese hueco. Luego repite.
Funciona porque la jerga es el escondite perfecto de la ignorancia: uno puede repetir «inflación subyacente» sin saber lo que es. Al prohibirte las palabras grandes, el agujero queda a la vista.
La próxima vez que estudies algo, ciérralo todo e intenta explicárselo a alguien. Donde te trabes, ahí tienes deberes.