
Entre Groenlandia y Canadá hay un islote pelado de poco más de un kilómetro llamado Hans, sin agua, sin árboles y sin habitantes. Cuando Canadá y Dinamarca trazaron su frontera marítima en los años setenta, nadie supo decidir de quién era, y quedó en disputa.
Lo que vino después es quizá el conflicto territorial más civilizado de la historia. Cada vez que un barco canadiense visitaba el islote, plantaba su bandera y dejaba una botella de whisky canadiense. Cuando llegaban los daneses, cambiaban la bandera y dejaban aguardiente danés con una nota dando la bienvenida a suelo danés. Décadas de guerra a base de licor y cortesía.
En 2022 llegó el armisticio: los dos países acordaron partir el islote por la mitad, creando una frontera terrestre entre Canadá y Dinamarca donde antes no había ninguna.
Puede que sea la única guerra de la historia en la que ambos bandos brindaban con las armas del enemigo.