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Microrrelato · Del catálogo de Margen

Instrucciones

Mi madre me dejó una única nota antes de morir, pegada al armario de su cuarto: "No abras nunca el cajón de abajo".

Aguanté cuarenta años. Cada vez que limpiaba la habitación, el cajón me miraba, y yo apartaba la vista. Pasaron las estaciones, se me encaneció el pelo, enterré a mi marido, y el cajón seguía cerrado, fiel a la promesa.

El día que cumplí los ochenta, sola ya en la casa vacía, decidí que una anciana no le debe obediencia a nadie. Tiré del cajón.

Dentro solo había un papel amarillo, doblado en cuatro. Lo abrí con dedos torpes.

Era la misma frase, "No abras nunca el cajón de abajo", pero escrita con mi letra. Con la letra temblorosa que tengo ahora, a los ochenta.

Nunca supe cuándo la había escrito. Ni cuántas veces había vivido ya este mismo día.