
Entre Westray y Papa Westray, dos islas de las Orcadas, al norte de Escocia, opera el vuelo comercial regular más corto del mundo: 2,7 kilómetros de mar. El horario oficial le reserva alrededor de un minuto y medio, pero con viento a favor el récord está en 53 segundos. Hay pistas de grandes aeropuertos más largas que la ruta entera.
La avioneta, de ocho plazas, cubre ese trayecto desde 1967. Y no es una atracción turística, o no solo: es el autobús de la zona. La cogen la maestra que da clase en las dos islas, el médico, los niños, los vecinos con la compra. El ferry depende del estado del mar; la carretera, sencillamente, no existe.
El despegue y el aterrizaje casi se funden en un solo gesto: el avión sube, se endereza y ya está bajando. La aerolínea entrega a los pasajeros un certificado firmado por el piloto, como recuerdo de haber cruzado el cielo más breve del planeta.
A veces volar no consiste en llegar lejos, sino en cruzar exactamente el charco que te separa del vecino.