Curiosidad · Del catálogo de Margen
Un templo de Ramsés subió 65 metros en 1.036 piezas

En 1959 Egipto empezó la presa de Asuán, y el lago Nasser, el embalse que iba a crecer detrás, condenaba los dos templos que el faraón Ramsés II mandó excavar en la roca de Abu Simbel hacia 1264 antes de Cristo. La UNESCO, la agencia cultural de la ONU, reunió a medio centenar de países y, entre 1964 y 1968, un equipo internacional serró los templos en 1.036 bloques de veinte a treinta toneladas y los subió 65 metros. Los cortaron con sierras de mano: las mecánicas se comían un dedo de piedra en cada pasada.
Cada bloque salió numerado. Aparte de subirlos, los llevaron 200 metros tierra adentro y los volvieron a montar sobre una colina artificial de hormigón, hueca por dentro, levantada para imitar el acantilado que habían perdido. Se cortó y se recolocó también parte del propio acantilado, otros mil bloques de arenisca sin una sola figura tallada, para que el fondo del paisaje encajara igual. Las juntas se escondieron en las grietas de la escultura. Y el ángulo del conjunto se calculó con una obsesión muy concreta: dos veces al año el sol entra por la puerta, recorre sesenta metros de pasillo e ilumina las estatuas sentadas de la sala del fondo, y eso tenía que seguir ocurriendo.
La obra costó unos 40 millones de dólares de la época, la mitad puestos por gobiernos extranjeros, y terminó a tiempo: el agua subió detrás de ellos según lo previsto y el emplazamiento original quedó debajo. Salió casi perfecto. Antes del traslado, el sol llegaba al fondo el 21 de febrero y el 21 de octubre. Desde 1968 llega el 22.