Microrrelato · Del catálogo de Margen
Casilda no firma el parte hasta saber dónde va el agua

—Cuatro centímetros otra vez, Nieves. Once lunes seguidos. —¿Y qué son cuatro centímetros? —Doce mil quinientos litros. Veinticinco metros por doce y medio por cuatro centímetros. Y el parte de nivel lo firmo yo. —Pues fírmalo y vete a casa. —Soy la socorrista del primer turno, no la tonta del primer turno. Si firmo que el vaso está lleno y no lo está, el día que alguien toque fondo en la zona honda la culpa lleva mi nombre. —Nadie toca fondo por cuatro centímetros. —Nieves, eres la técnica de mantenimiento. Dime dónde va el agua o lo escribo tal cual: falta agua y no sé por qué. —Los domingos por la noche la saco con la manguera del sótano. —¿Para qué? —Para los cuarenta y dos árboles que plantó el ayuntamiento el pasado marzo. Llevamos ochenta y un días sin llover y la partida de riego se acabó en junio. O el agua o los árboles. —¿Y por qué no lo pides por escrito? —Lo pedí el 3 de julio. Me contestaron que la piscina es un servicio y los árboles, ornamento. —Trae el parte. —Casilda, si escribes eso me abren expediente. —No voy a escribir que falta agua. Voy a escribir que el vaso pierde doce mil quinientos litros cada semana y que hace falta un técnico aquí el lunes a las ocho. Que vengan, y que los cuarenta y dos árboles se vean desde la ventana.