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Curiosidad · Del catálogo de Margen

«Esdrújula» es esdrújula (y no es casualidad)

La palabra viene del italiano «sdrucciolo», que significa 'resbaladizo'. Los tratadistas de métrica del Renacimiento la usaban para los versos que acaban con el acento en la antepenúltima sílaba: al pronunciarlos, la voz parece resbalar hacia el final. El español la adoptó y le añadió una e de apoyo —como hace siempre con las eses imposibles: de «spiritus», espíritu—, y así nació «esdrújula».

Lo bonito es que la palabra predica con el ejemplo: «esdrújula» es esdrújula. Los lingüistas llaman autológicas a las palabras que cumplen lo que significan, y el español tiene un pequeño festival: «llana» es llana, «breve» es breve, «pentasílaba» es pentasílaba.

Aunque el sistema esconde una traición: «aguda» no es aguda. Es llana. La palabra que da nombre a las que se acentúan al final se acentúa en el medio. Nadie dijo que la lengua fuera justa.