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Curiosidad · Del catálogo de Margen

«OK» nació como broma tipográfica en 1839

Hoy, la palabra «OK» aparece en más de 200 idiomas. Los astronautas la llevaron a la Luna en 1969; los chinos la escriben con dos letras latinas entre miles de ideogramas; los japoneses la pronuncian «ō-kē». Es probablemente el término más internacional que existe.

En 1963, el filólogo Allen Walker Read, de la Universidad de Chicago, publicó una serie de seis artículos en American Speech que zanjó el debate: ni viene del choctaw «okeh», ni del griego «olla kalá», ni del francés «au quai». Read siguió el rastro hasta un editorial concreto.

En 1840, la campaña de reelección de Martin Van Buren, apodado «Old Kinderhook» por su pueblo natal en Nueva York, se agarró a esas dos letras. Nacieron los «OK Clubs» en decenas de ciudades para apoyarlo. Van Buren perdió las elecciones, pero el eslogan se hizo palabra.

El 23 de marzo de 1839, Charles Gordon Greene, editor del Boston Morning Post, publicó un editorial burlón contra la Anti-Bell-Ringing Society. Al final metió una parrafada de siglas hechas con faltas de ortografía: «i.s.b.d.» (it should be done), «g.t.d.h.d.» (give the devil his due) y, entre ellas, «o.k.» = oll korrect. Era una moda periodística de la época: escribir mal a propósito y abreviar.

Aquel chiste tipográfico sobrevivió al periódico, al candidato y al filólogo que lo desmintió todo.