
Al descolgar el cuadro quedó en la pared un rectángulo más claro: la piel de recién pintada que la casa guardaba ahí.
Alrededor pasaron los años, el sol, el humo, la luz encendida a deshoras.
Dentro, intacta, la tarde en que llegamos.
Nadie repinta ese trozo. Da no sé qué. Es lo más joven que queda en casa y todavía no sabe que el barco ya no está.