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Curiosidad · Del catálogo de Margen

La palabra que otras lenguas no saben decir

Terminas de comer y nadie se levanta. La charla se estira entre el café y las migas, sin tema fijo ni hora de final. Ese rato tiene nombre en español —la sobremesa— y no lo tiene el inglés, ni el francés, ni el alemán: para explicarlo necesitan una frase entera.

Los lingüistas hablan de lagunas léxicas: una lengua solo empaqueta en una palabra lo que su cultura practica lo suficiente como para necesitar nombrarlo. Por eso el español también tiene «estrenar» o «madrugar», verbos que en inglés obligan a dar un rodeo.

La cosa va en ambas direcciones: a nosotros nos falta una palabra para el «Schadenfreude» alemán, esa alegría discreta por el tropiezo ajeno.

Cada idioma es un mapa de lo que su gente considera importante. En el nuestro, quedarse de charla en la mesa merecía nombre propio.