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Idea · Del catálogo de Margen

20 años de sueño para una cuenta zombi

Una cuenta bancaria sin movimientos puede cumplir 20 años y dejar de ser tuya. No recibe tarta; recibe el artículo 18 de la Ley 33/2003, la norma que regula el patrimonio público. Si guardas libretas antiguas, este es un buen momento para comprobar cuáles siguen vivas.

1. Entiende qué cuenta el plazo.

La Ley del Patrimonio de las Administraciones Públicas incluye los saldos y depósitos abandonados en entidades financieras. Pasan a la Administración General del Estado cuando transcurren veinte años sin que el titular haga ninguna gestión que implique ejercer su derecho de propiedad. Ojo al matiz: no habla de veinte años sin movimientos automáticos, habla de veinte años sin que tú hagas nada. Llamarla «mi cuenta vieja» en las comidas familiares no cuenta.

2. El banco tiene que avisarte antes.

La entidad no puede entregar el saldo sin más. La Orden EHA/3291/2008 la obliga a notificártelo por correo certificado, a la dirección que conste en sus registros y al menos tres meses antes de que venza el plazo, y a comunicar después el depósito al Ministerio de Hacienda. El problema práctico es de mudanzas: una carta enviada al piso donde vivías hace tres casas puede hacer su recorrido entero sin encontrarte.

3. Haz inventario familiar.

Busca libretas, certificados de depósito, cartas del banco y declaraciones antiguas. Pregunta por cuentas abiertas a nombre de los hijos, nóminas de trabajos lejanos y ahorros de familiares fallecidos. Apunta entidad, oficina y titular. No publiques fotos de esos papeles: llevan datos de sobra para que la arqueología se convierta en pesca para estafadores.

4. Contacta con la entidad y deja rastro.

Pide por escrito la situación de la cuenta y qué documentación necesitan para identificarte. Si eres heredero, tendrás que acreditarlo antes de disponer del dinero. Una consulta vaga de mostrador no siempre equivale a un acto de propiedad: formaliza la gestión y guarda la respuesta. Y si el banco ya no existe con aquel nombre, averigua qué entidad absorbió su negocio.

5. Cierra lo que no sirve.

Si recuperas una cuenta con doce euros y ninguna función, sacar el saldo no termina la relación. Pide la cancelación y guarda el justificante, o la cuenta zombi volverá a caminar, esta vez alimentada con comisiones.

Y una última cosa, por si te consuela: el propio artículo 18 destina ese dinero a programas para mejorar las condiciones educativas de las personas con discapacidad. Tu libreta olvidada no engorda el déficit, paga aulas adaptadas. Aun así, ábrela tú primero y decide tú de quién es la próxima donación.