
En el año 79, el Vesubio sepultó la ciudad romana de Pompeya bajo varios metros de ceniza en cuestión de horas.
Fue una tragedia, pero también una cápsula del tiempo: la ceniza selló las casas, los frescos, el pan dentro de los hornos y hasta las pintadas de las paredes. Cuando empezaron a excavarla, casi 1.700 años después, encontraron una ciudad romana congelada en su último día.
Incluso recuperaron la forma exacta de las víctimas, rellenando con yeso los huecos que dejaron sus cuerpos.