Por capítulos · El coche de la plaza 214 · Del catálogo de Margen
Cuatro y diez: la caja gris empieza a soltar 2023

Antes: el sábado, Benjamín Cardus le enseñó a Ruth el resguardo que le adjudicaba la furgoneta por 90 euros el día 9 y le recordó, sin subrayarlo, que Bruno decide su contrato.
A las cuatro y diez de la madrugada del 9 de octubre, Ruth Anglada empujó con el hombro la puerta lateral de la nave 12, sujetando con las dos manos una batería de arranque de camión de veinticuatro kilos que Yeray Cardó había sacado esa tarde del taller de una prima. Faltaban cinco días desde la visita de Cardus, pero a la furgoneta ya no le quedaba plazo: la grúa entraba en cuatro horas y cincuenta minutos.
Yeray Cardó, mecánico del taller Nou Alcoraya de la avenida de Elche, treinta y un años y dos hijas, cerró la puerta desde dentro con cinta americana para que no golpeara. Llevaba una linterna frontal roja de las de espeleología, las que no matan la visión nocturna, y en el bolsillo del mono, tres rollos de papel térmico de 57 milímetros que Chelo Alcaide, cajera del banco y responsable del mostrador desde 2007, había dejado el viernes en el cajón sin decir nada.
—Es esa —susurró Ruth, apuntando con la barbilla a la furgoneta blanca de la plaza 214. Isotermo Renault Trafic, matrícula tapada por una lona, ruedas planas, un año, tres meses y veintiséis días parada.
Abrieron el capó con una llave universal. Yeray conectó las pinzas de la batería directamente al terminal del cableado del isotermo, salteando el motor. La caja gris del registrador estaba atornillada detrás del asiento del copiloto, medio tapada por una manta de mudanza; se necesitaban doce voltios para despertarla y no hacía falta arrancar la furgoneta.
—Ahí va.
Un chasquido seco, el cliqueo de un motor pequeño, y una pantalla LCD de dos líneas se encendió con un ámbar tostado. En la primera, seis dígitos: 04:11:38. En la segunda, un mensaje simple: ULTIMA GRABACION 09/07/2023 09:40 KEY 01 SHUTDOWN.
—Ese fue el día que la grúa la trajo —dijo Yeray, sin apartar los ojos del display—. Nueve de julio a las nueve cuarenta. La denuncia entró a la misma hora, minuto arriba.
—Coincide con la hoja de entrada —dijo Ruth—. Y la clave uno es la de Óscar.
Yeray pulsó tres veces el botón derecho. La caja respondió con un zumbido bajo y la pantalla dijo: IMPRIMIR HISTORICO COMPLETO? SI PULSAR OK. Metió el primer rollo en el cabezal, cerró la tapa y apretó OK con el pulgar.
La impresora térmica arrancó con un pitido de fax de 1998 y empezó a soltar el papel milímetro a milímetro, de una en una, en orden cronológico inverso. Ruth se agachó y sujetó la tira con dos dedos, para que no se doblara. Al principio salieron eventos del 8 de julio, del 7, del 6: aperturas cortas de puerta, dos apagados y encendidos, la clave 01 en todos. Óscar Pomares vaciando la caja de pescado del día. Rutina.
—Baja —dijo Yeray.
Salieron entradas de junio, de mayo, de abril. Siempre KEY 01, siempre SHUTDOWN a las nueve de la noche. Repartos, aperturas de puerta trasera de cuatro segundos, de tres, de cinco. La lentitud del papel volvió el silencio de la nave más grueso; se oía el goteo de un grifo cerrado y el motor lejano de una moto por la avenida.
—¿Hasta cuándo llega la memoria? —preguntó Ruth en voz baja.
—Dos años clavados. Si no le quitan la corriente, no pierde nada. Aquí, con la batería puesta, saca lo que tiene desde el primer día.
A las cuatro treinta y ocho salió el 15 de febrero de 2023. A las cuatro cuarenta y uno, el 12. A las cuatro cuarenta y cinco, el 10. Ruth se puso el rollo en el regazo y siguió leyendo hacia atrás, hacia el 9 de febrero de 2023, el día del atropello de Encarna Sirera. Yeray dejó de mirar la pantalla y miró la tira.
09/02/2023 21:14 KEY 01 START.
09/02/2023 21:28 PUERTA TRASERA 3 s.
09/02/2023 21:52 KEY 01 SHUTDOWN.
—Ahí acaba la ruta de Óscar —dijo Yeray—. Reparto normal, entrega, apagado.
09/02/2023 22:31 ARRANQUE LLAVE 02.
Ruth se quedó con la tira sujeta entre el pulgar y el índice, sin respirar. La llave dos no era Óscar. La llave dos había arrancado la furgoneta a las veintidós treinta y uno del 9 de febrero de 2023, treinta y nueve minutos después de que Óscar apagara el motor en su cochera, y esa misma llave había apagado el registrador a las dos catorce de la madrugada del 10, once minutos después del kilómetro donde Encarna Sirera cruzó la calle Poeta Vila.
Yeray fue a decir algo y no pudo. La pantalla soltó otro pitido: RESTANTE MEMORIA 41 CENTIMETROS.
A las cuatro y cincuenta y cinco de la madrugada, cuando Ruth calculaba cuántos centímetros le quedaban a la caja y cuánto tardaría en imprimir un año entero, los ocho fluorescentes del techo de la nave 12 se encendieron a la vez con el zumbido plano del arrancador industrial. Desde el fondo, junto a la puerta de la ventanilla, la voz de Chelo Alcaide dijo, tranquila y sin pregunta:
—Ruth Anglada, deja el papel en el mostrador.