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Microrrelato · Del catálogo de Margen

El último tren

Corrió por el andén con la maleta golpeándole las piernas. El tren de las 20:47 ya cerraba las puertas.

Las alcanzó por un segundo. Metió el pie, forzó el hueco, entró. Se dejó caer en un asiento junto a la ventanilla, con el corazón latiéndole en la garganta y una sonrisa boba de triunfo. Lo había conseguido.

Recuperó el aliento. Sacó el móvil para avisar a Elena de que llegaría a tiempo a la cena, después de todo.

Setenta y tres llamadas perdidas. Doscientos mensajes.

El primero era de Elena, de hacía tres años: «¿dónde estás? el tren ya llegó y no bajaste».

Los demás iban descendiendo por el calendario, cada vez más espaciados, hasta el último, de esa misma tarde, de un número desconocido: «hoy retiran por fin los restos del descarrilamiento del 20:47. descanse en paz».

El vagón estaba lleno. Todos miraban por la ventanilla. Todos, como él, acababan de alcanzar el tren por un segundo.