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Microrrelato · Del catálogo de Margen

El contenedor verde

La primera la encontré por casualidad, al dejar caer mis botellas: una entera, tapada con corcho, con un papel enrollado dentro. Lo saqué con dos dedos. Decía: «Por el contrato de A., que firmó por fin».

Desde entonces miro siempre. Aparecen cada semana, sin día fijo, entre el vidrio roto de todo el barrio. «Por la lluvia de abril, que llegó a tiempo». «Por M., que ya camina sola». «Por la luz de la cocina, arreglada después de dos inviernos».

Las guardo en el balcón, en fila. No sé quién brinda, ni por qué lo echa al contenedor en lugar de decirlo en una mesa. A veces pienso que es alguien que ya no tiene con quién. A veces, que el contenedor es su mar, y esto, botellas al agua.

Anoche vino el camión. Oí el estruendo del vidrio cayendo, como una ola rompiendo en la calle, y pensé que se acabaría la racha: imposible saber si mañana habría botella, con el contenedor recién vaciado.

Hoy había una sola, de pie en el fondo de hierro, limpia como recién enjuagada.

«Por ti, que las guardas».