
Hoy, la regla cabe en tres líneas: antes de firmar un piso en otra ciudad por el clima, la playa o las vistas, hay que calcular cuánto de la semana se va a estar mirando eso. Menos de 20 horas: no es un cambio de vida.
2011: Schkade y Kahneman repiten la prueba con matrimonio, coche y sueldo. La trampa aguanta. La percepción del cambio es siempre mayor que su peso real en el día a día.
2002: Daniel Kahneman gana el Nobel de Economía por explicar sesgos de este tipo, muchos de ellos publicados junto a Amos Tversky.
1998: en la Universidad de California San Diego y en Princeton, David Schkade y Daniel Kahneman preguntan a 3.043 estudiantes del Medio Oeste y del sur de California por su satisfacción con la vida. Antes les piden que estimen quién es más feliz: los dos grupos coinciden sin dudarlo en que los californianos. Sale que no. La media queda en 5,8 frente a 5,7 sobre 10, prácticamente empate. El clima aparece como decimosexto factor en la lista de causas de bienestar; solo la salud y el dinero mueven la aguja de manera clara.
Los autores llamaron a esto ilusión de foco: cuando se piensa en algo concreto —esa ciudad, ese trabajo, ese cuerpo—, se infla su peso. La playa está a treinta minutos y se usa tres horas al mes; el trabajo son cuarenta horas a la semana.