← Todas las lecturas

Curiosidad · Del catálogo de Margen

En 1958 una bomba atómica cayó en el jardín de los Gregg

11 de marzo de 1958, sobre Mars Bluff, Carolina del Sur. Un bombardero B-47 de la Fuerza Aérea estadounidense perdió una bomba Mark 6 junto a la finca de la familia Gregg. El avión había salido de la base Hunter rumbo a Inglaterra para un ejercicio; aquello no era una prueba de lanzamiento. La cápsula con el material nuclear no estaba instalada, así que no podía producirse una explosión atómica; los explosivos convencionales de la bomba sí detonaron al tocar tierra.

La onda expansiva destrozó la casa de juegos de los niños, dañó la vivienda y el cobertizo y abrió un cráter de unos 21 metros de ancho y 10,7 de profundidad. Walter Gregg, su esposa Effie, sus tres hijos y su sobrina Ella Davies estaban cerca. Todos sobrevivieron.

La tripulación rodeó la zona para fotografiar los daños y avisó a la base con un mensaje que hasta entonces nadie había tenido que interpretar: el avión había perdido un artefacto. En tierra, la familia creyó primero que la Unión Soviética había atacado Carolina del Sur.

La pieza que evitó la catástrofe era una medida de seguridad de aquella época: el núcleo de plutonio viajaba separado dentro del avión. Sin él hubo una explosión enorme, pero no reacción nuclear. Ella Davies, que jugaba con los niños, recibió 31 puntos y fue la única hospitalizada. Las seis personas salieron vivas.