Idea · Del catálogo de Margen
Calculaste 34 días y tardaste 55: no fue mala suerte

En 1994, tres psicólogos de la Universidad Simon Fraser, en Vancouver, preguntaron a un grupo de estudiantes cuándo terminarían su tesina de fin de carrera. La media de las previsiones fue de 33,9 días. La media real fue de 55,5.
Roger Buehler, Dale Griffin y Michael Ross bautizaron aquello como falacia de planificación: el cálculo optimista que hace tu cabeza cuando planea una tarea concreta y propia. Lo bueno viene después. A esos mismos estudiantes les pidieron un segundo número, el del peor escenario imaginable, el de «si todo sale lo peor posible». Dijeron 48,6 días. Tampoco llegaron: la realidad se comió una semana más que su propia catástrofe.
No era que no supieran contar. Cuando esos estudiantes calculaban el plazo de un compañero, sus previsiones se alargaban. El optimismo se dispara cuando el plan es tuyo, porque lo montas mirando el guion ideal —el que no tiene gripes, ni bodas, ni un jefe con una urgencia— en vez de mirar tu historial.
De ahí sale el arreglo, y cabe en una línea: no estimes, recuerda. Antes de decir «para el jueves», busca la última vez que hiciste algo parecido, mira lo que tardaste de verdad y usa ese número aunque te dé vergüenza. Si no lo tienes apuntado, apunta el de hoy.