
En 1969, el francés Georges Perec publicó La disparition, una novela de unas 300 páginas escrita sin la letra e, la más frecuente del francés. No era el primero: en 1939, el estadounidense Ernest Vincent Wright había hecho lo mismo en inglés con Gadsby, unas 50.000 palabras sin e.
Lo asombroso de Perec es que el resultado funciona como novela: una intriga sobre una desaparición donde lo desaparecido es, en secreto, la propia letra. Cuentan las crónicas literarias que algún crítico la reseñó sin percatarse de la restricción.
El desafío continuó en las traducciones: la versión inglesa, A Void, tampoco usa la e, y la española, El secuestro, sacrificó la a, que es la letra más común del castellano.
Y el remate: años después Perec escribió otra novela, Les revenentes, usando una sola vocal. ¿Cuál? La e, claro.