
En el río Bidasoa, entre Irún y Hendaya, hay un islote de apenas doscientos metros: la isla de los Faisanes. No vive nadie en ella y no se puede visitar. Y aun así es uno de los territorios más curiosos de Europa: un condominio que España y Francia se turnan. Del 1 de febrero al 31 de julio manda España; del 1 de agosto al 31 de enero, Francia.
El arreglo viene de lejos. En 1659, tras décadas de guerra, ambas coronas firmaron allí la Paz de los Pirineos, y la isla quedó como terreno neutral y compartido. Antes ya había servido de escenario para intercambios de princesas y encuentros entre reyes: territorio de nadie, perfecto para que nadie cediera.
Más de tres siglos y medio después, el relevo sigue haciéndose puntualmente. Quizá sea la frontera más educada del mundo: en vez de disputarse la isla, los dos países se la prestan.