
Bir Tawil es un trapecio de desierto de unos 2.060 kilómetros cuadrados entre Egipto y Sudán. No tiene población fija, ni carreteras, ni gran cosa. Y tiene algo rarísimo: es de los pocos territorios del planeta que ningún Estado reclama.
La explicación es un enredo colonial. En 1899, los británicos trazaron la frontera en línea recta por el paralelo 22. En 1902 dibujaron otra, administrativa, que se desvía de la recta. Según cuál valga, Bir Tawil cae a un lado… y el triángulo de Halaib, una zona costera mucho mayor y más valiosa, al otro.
Egipto defiende la frontera de 1899, que le da Halaib y deja Bir Tawil a Sudán. Sudán defiende la de 1902: exactamente al revés. Reclamar el trocito pobre implicaría renunciar al grande.
Resultado: una tierra de nadie oficial. No por disputada, sino por despreciada.