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Microrrelato · Del catálogo de Margen

Mano izquierda

Mi reflejo bosteza cuando yo bostezo, sonríe cuando sonrío, se peina conmigo. Como debe ser. Como ha sido siempre.

Esta mañana, mientras me afeitaba, ha bajado la mano un segundo antes que yo.

Un segundo. Nada. Un fallo de la vista, el sueño atrasado, el café que aún no había hecho efecto. Me quedé quieto, mirándolo, y él me miró quieto a mí, con la cara de quien ha cometido un error mínimo y confía en que nadie lo haya notado.

Desde entonces lo vigilo. Le tiendo trampas: giros bruscos, muecas sin avisar, un saludo repentino con la izquierda. Las supera todas. Perfecto, puntual, simétrico.

Pero esta noche, al apagar la luz del baño, con el espejo ya a oscuras, lo he oído.

Ha suspirado. De alivio.

Mañana no pienso mirarme. Que aguante él la incertidumbre, para variar. Que aprenda lo que es pasarse el día entero sin saber si el del otro lado te está copiando o te está estudiando.