
Es la trampa mental más elegante del baño. Levantas la derecha, tu reflejo parece levantar la izquierda, y lees tu camiseta al revés. Parece obvio que el espejo intercambia los lados. Pero no lo hace.
Lo que el espejo invierte de verdad es la profundidad: el eje que va de ti hacia el cristal. Lo de delante pasa a estar detrás. Tu reflejo no está girado como si otra persona te mirara; está aplastado hacia atrás, como un guante del revés.
La 'izquierda y derecha' la pones tú. Para comparar tu cuerpo con el reflejo, te imaginas dándote la vuelta para ponerte en su lugar, y ese giro imaginario es el que confunde los lados. Si en vez de eso te tumbaras, jurarías que el espejo invierte arriba y abajo. El espejo siempre hace lo mismo. Somos nosotros los que no paramos de girarlo en la cabeza.