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Curiosidad · Del catálogo de Margen

Los once días en que Agatha Christie desapareció

La noche del 3 de diciembre de 1926, Agatha Christie salió de su casa en Berkshire y no volvió. A la mañana siguiente su coche apareció abandonado al borde de un camino, con su abrigo de piel y su carné dentro. De ella, ni rastro.

La buscaron un millar de policías y miles de voluntarios; se usaron aviones, algo casi inédito entonces. Arthur Conan Doyle, creador de Sherlock Holmes, llevó un guante de la escritora a una médium. Los periódicos convirtieron el caso en el misterio del año: la reina del crimen, desaparecida como en una de sus novelas.

Once días después la encontraron en un hotel balneario de Harrogate, a cientos de kilómetros, donde llevaba toda la semana bailando y leyendo tranquilamente. Se había registrado como Teresa Neele: Neele era el apellido de la amante de su marido, que acababa de pedirle el divorcio.

Christie no explicó nunca públicamente aquellos once días. Sus médicos hablaron de amnesia; sus biógrafos, de una huida calculada; su autobiografía pasa de puntillas por el episodio. La mejor autora de misterio de la historia se llevó a la tumba el único caso que nadie ha resuelto: el suyo.