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Curiosidad · Del catálogo de Margen

El invento que nadie supo para qué servía

En 1968, Spencer Silver, químico de 3M, buscaba un superadhesivo y obtuvo justo lo contrario: un pegamento débil que se despegaba sin dejar rastro y podía reutilizarse. Durante años lo presentó por toda la empresa sin que nadie le viera utilidad. Era, decían, una solución en busca de problema.

El problema lo tenía Art Fry, otro ingeniero de 3M que cantaba en el coro de su iglesia y perdía constantemente los marcapáginas del cantoral. En 1974 se acordó del adhesivo de Silver y fabricó marcadores que se pegaban y despegaban sin estropear el papel.

El primer lanzamiento, en 1977, fracasó; el de 1980, con muestras gratis repartidas en masa, arrasó. ¿Y el amarillo canario? Pura casualidad: era el color del papel de sobra que había en el laboratorio de al lado. Hasta eso fue un accidente.