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Microrrelato · Del catálogo de Margen

El último testigo

El detective interrogó, uno por uno, a todos los que aquella noche estuvimos en la casa. El mayordomo, la cocinera, la sobrina endeudada, el socio nervioso. Coartadas sólidas, historias que encajaban. Iba a cerrar el caso como accidente.

—Falta alguien —dijo, y señaló la jaula del rincón.

Trajeron al loro a la sala. El animal se sacudió las plumas, ladeó la cabeza y, con la voz exacta de la difunta, repitió lo último que había oído gritar a su dueña antes del disparo.

Dijo mi nombre.

Y yo, que había planeado el crimen perfecto durante un año, no había contado con que ella tuviera tiempo de llamarme.