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Poema · Del catálogo de Margen

El interruptor

La mano llega antes que yo. Cruza el pasillo a oscuras, esquiva el marco de la puerta, baja tres dedos y enciende.

Yo no sé dónde está el interruptor. Lo sabe ella, que lleva veinte años haciendo este camino sin mirar.

En las casas de otros palpo la pared como un ciego y pido perdón por el retraso. En esta, la luz me obedece antes de pensarla.

El día que me vaya la mano seguirá un tiempo encendiendo a tientas, en mitad de otra pared, una luz que ya no existe.