
Los lunes el patio amanece lleno de biografías: la camisa buena del tercero, las sábanas dobles del quinto, un babero nuevo donde antes no vivía nadie.
La ropa dice lo que callamos en el ascensor: quién duerme solo, quién ha vuelto a correr, quién ya no se pone la camisa buena.
Por la tarde las cuerdas se vacían y el edificio entero recoge sus banderas: la misma tregua, cada día, sin firmar la paz.