La ausencia no es un hueco: es una línea que sigue aunque le quiten los dos puntos.
Me siento en la esquina exacta donde el tiempo dobla y nunca vuelve con la misma cara.
He medido la paciencia con la única regla que tengo: la sombra, que se alarga sin pedirme permiso.
Dicen que esperar es no hacer nada. Mentira. Espero con las dos manos, con la respiración, con el ángulo obtuso de quien todavía cree.
Y cuando llegas —si llegas— la geometría se deshace y queda solo esto: dos cuerpos, redondos, sin aristas, contra la tarde.