
Cuando contestas mensajes mientras trabajas, tu cerebro no hace dos cosas a la vez: alterna entre ellas a toda velocidad. Y cada salto tiene un coste — reorientarse, recordar dónde estabas — que se paga en tiempo y errores.
Investigadores de la Universidad de Stanford compararon a personas que se consideraban grandes multitarea con las que no. El resultado fue humillante: los multitarea crónicos rendían peor precisamente en lo que presumían dominar — filtrar lo irrelevante y cambiar de tarea con agilidad.
La lección práctica es simple: agrupa lo similar y haz una sola cosa cada vez. Media hora entera para una tarea vale más que dos horas picoteadas por interrupciones.
Fuente: Stanford University