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Microrrelato · Del catálogo de Margen

La sala de espera

Llevaba cuarenta minutos en aquella sala de espera de paredes color hueso, hojeando revistas que ya conocía de memoria. Odiaba esa clínica, el olor a desinfectante, la música sin melodía.

La recepcionista consultó su pantalla y pronunció el nombre con voz cansada.

—Martín Alcázar.

Se levantaron cuatro personas a la vez. Nadie se sentó de nuevo. Todos se miraron, y en cada rostro reconoció, con un escalofrío, sus propias cejas, su misma forma de fruncir el ceño.

El padre que los había abandonado a todos, cada uno en una ciudad distinta, acababa de morir. Y ahora se conocían.