La Torre Eiffel no mide siempre lo mismo. En pleno calor puede crecer hasta 15 centímetros, y luego encoger en invierno. El hierro respira.
Es dilatación térmica. Cuando el metal se calienta, sus átomos se agitan más y se separan un poco: el material entero se estira. En una estructura de hierro de más de 300 metros, ese pequeño estiramiento, multiplicado a lo largo de toda su altura, se traduce en varios centímetros de más.
Además, el lado que da al sol se calienta más que los otros, así que la torre llega a inclinarse levemente en dirección contraria al calor, como si esquivara la luz.
Nos gusta pensar que los monumentos son eternos e inmóviles. Pero incluso el hierro, a su manera lenta, está siempre vivo.
Fuente: The Conversation, "The Eiffel Tower gets bigger every summer – here's why".