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Microrrelato · Del catálogo de Margen

A las 4:50 llega la inspectora al obrador

—Inspección de Trabajo. Amaia Berruezo. ¿Es usted el titular? —Onésimo Gastón, maestro panadero. Cuarenta y un años en este obrador. —Me constan dos altas y estoy viendo a tres personas amasando. —La tercera es mi madre. —¿Su madre trabaja aquí? —Mi madre tiene setenta y nueve años y no duerme. Se levanta a las cuatro, se viene andando y se pone. —¿Se pone a qué? —A amasar. Lleva amasando en esta casa desde el sesenta y ocho. Si le digo que se quede en la cama, se queda en la cama y no vuelve a levantarse. —Señor Gastón, yo eso no lo puedo escribir en un acta. —Ya lo sé. —Puedo escribir que había dos trabajadores y una señora que ha entrado a por el pan. —Es que ha entrado a por el pan. —Pues dígale que suelte la masa antes de que yo me dé la vuelta. —Madre, suelte la masa. —Que no, Onésimo, que si la suelto ahora sale cruda.