
En 1997, unos investigadores británicos colocaron un altavoz junto al lineal de vinos de un supermercado. Los días de música francesa, las botellas francesas se vendieron cinco veces más que las alemanas. Los días de acordes alemanes, ganó el vino alemán. Al preguntar a los clientes, casi ninguno admitió —ni sabía— que la música hubiera influido. El estudio acabó en la revista Nature.
No es un caso aislado. Ya en 1982, otro experimento clásico demostró que la música lenta hace que los clientes caminen más despacio por los pasillos… y que la caja registradora lo note: más tiempo dentro, más cosas en el carro.
Nada de esto es azar. La megafonía de un supermercado es una herramienta de venta tan pensada como la colocación de los productos.
Así que si sales del súper con una botella que no planeabas, revisa qué estaba sonando.