
En 1901, unos buzos sacaron de un naufragio frente a la isla de Anticitera un amasijo de bronce corroído. Parecía chatarra.
Décadas de estudio revelaron la verdad: era una máquina de engranajes de hace más de 2.000 años, capaz de predecir eclipses y las posiciones de los planetas. Una computadora analógica de la antigua Grecia.
Nada de una complejidad parecida volvería a fabricarse hasta más de mil años después.