
La idea central de «Padre rico, padre pobre», de Robert Kiyosaki, cabe en una línea: un activo mete dinero en tu bolsillo; un pasivo te lo saca. Ricos y pobres no se diferencian tanto por lo que ganan como por lo que compran.
Un coche financiado, la tele a plazos o una casa que solo genera gastos son pasivos, aunque los llames patrimonio. Un fondo indexado, un piso alquilado con números que salen o un negocio que funciona sin ti son activos.
Kiyosaki lo resume con una pregunta brutal: cada vez que entran 100 € en tu cuenta, ¿compras algo que trabaja para ti o algo que te obliga a trabajar más? La riqueza empieza el día en que cambias esa respuesta.