
La rana de bosque de Norteamérica tiene una forma extrema de pasar el invierno: se congela casi por entero y espera a la primavera.
Cuando llega el frío, buena parte del agua de su cuerpo se convierte en hielo. Su corazón se detiene, deja de respirar y su actividad cerebral se apaga: por fuera, parece muerta. La clave está en que su hígado inunda las células de glucosa, que actúa como un anticongelante natural y evita que el hielo las destruya por dentro.
Cuando el calor vuelve, la rana se descongela poco a poco, el corazón arranca de nuevo y el animal se aleja saltando como si nada hubiera pasado. Un invierno entero en pausa, y luego seguir viviendo.
Fuente: National Geographic