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Curiosidad · Del catálogo de Margen

Cogió la pieza equivocada y salvó millones

En 1956, el ingeniero estadounidense Wilson Greatbatch montaba un circuito para registrar los latidos del corazón. Al ir a colocar una resistencia metió la mano en la caja equivocada: puso una de un megaohmio donde iba una de diez kiloohmios. El aparato, en vez de grabar pulsos, empezó a emitirlos, con un ritmo asombrosamente parecido al de un corazón humano.

Greatbatch comprendió al instante lo que tenía delante: un latido artificial de bolsillo. Se pasó dos años reduciendo el circuito hasta poder implantarlo, y en 1958, junto al cirujano William Chardack, logró que marcara el ritmo del corazón de un perro. En 1960 llegaron los primeros pacientes humanos.

No contento con eso, inventó después la batería de litio-yodo que aún alimenta muchos marcapasos. Millones de personas viven hoy gracias a que un día alguien no miró bien en qué cajón metía la mano.